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lunes, 5 de febrero de 2018

PRUEBA ESTO CON TUS ESTUDIANTES Y VERÁS QUÉ PASA


Hace tiempo conocí a un grandísimo pedagogo llamado Pedro Morales. Recibí un curso suyo como profesor de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Nos enseñaba técnicas y estrategias de evaluación. Sencillamente clarividente al tiempo que apasionante.



Una de las estrategias que nos enseñaba era sencilla para “controlar“ la asistencia a clase. Le llamaba “one minute paper” (trabajos de un minuto). Consistía en que al final de la clase pidas a tus alumnos que escriban en un papel lo que más les ha gustado y lo que menos de esa sesión que acababa. Aquello me sugirió una idea para el final de curso. Hacer lo mismo en mi asignatura de negociación pero con un poco más de tiempo y al terminar el año lectivo. Pero no para controlar, sino para aprender de ellos.

Hará unos cuatro años que vengo desarrollando esta técnica con mis propios estudiantes. Es muy sencilla. Consiste en pedirles que escriban en un papel lo que más les ha gustado del curso y lo que menos. Además les solicito que escriban qué es lo más relevante que han aprendido. Específico que pueden decir lo que les ha gustado y lo que no tanto sobre la signatura, sobre mi estilo de enseñanza o sobre mí como persona.

Puede ser muy duro a veces. Pero también te hace mejor docente, asegurado. Leer afirmaciones como que uno ha de comunicar mejor los cambios de clase, que el sentido del humor puede ser un asunto delicado (sobre todo cuando hay diferencias culturales pues el grupo tiene una gran diversidad de nacionalidades) o que tal o cual concepto no ha quedado claro, es necesario escucharlo o leerlo.


Por el contrario, resulta gratificante y le anima a uno ver que va en la buena dirección cuando lees cosas como: “gracias a esta asignatura he decidido realizar algunos cambios vitales”, “gracias a esta asignatura he conseguido tener una mejor relación con mi pareja”, “lo que me has me gustado ha sido que no se utilice PowerPoint, el método enseñanza, la participación del alumnado” etc.

Una vez que tengo estos valiosísimos documentos de los estudiantes, los dejo “Dormir el sueño de los justos”. Y unos 15 días antes de que empiece el siguiente semestre los leo y procuro implementar todos los cambios que me recomiendan.

Esta práctica la llevo acabo tanto en mis actividades como profesor universitario como en Grupo BLU. La he sugerido a otros formadores y la utilizan también en sus cursos con un gran éxito de acogida.

Nada como enfrentarte a la opinión de tus estudiantes. Nada como conocer qué opinan de ti y de tu asignatura de verdad. ¿Qué ha sucedido? Que año tras año soy mejor en mi profesión. Así de sencillo.



lunes, 4 de septiembre de 2017

ESCUELAS DE DEBATE ¿FACTORÍAS DE LIDERAZGO?


Por favor, que el titular no llame a engaño. Empleo la palabra factoría aunque en realidad sería más preciso hablar de escuelas de líderes, aunque en muchos casos se están dando auténticas factorías de líderes en serie con todos lo peyorativo que esto conlleva.

En numerosas universidades y centros educativos se llevan a cabo supuestas escuelas de debate que en realidad son factorías, esto es, se hacen las cosas en serie, que no en serio.  Una escuela requiere de maestros, no solamente entrenadores. Una escuela requiere de una serie de principios, no sólo de una serie de técnicas.  Una escuela requiere de valores. Creo que muchas ocasiones estamos confundiendo escuelas de debate con fábricas de oradores. 



En el club de debate de la Complutense, no en el que hay ahora, sino en el originario, del cual me precio de ser uno de sus pioneros, competíamos muy poco pues apenas había competiciones. Nuestra ocupación fundamental era crear una escuela de pensamiento universitario. La oratoria y la dialéctica no eran sino una excusa para plantearnos cuestiones más profundas y universitarias de verdad. Organizamos tertulias con profesores universitarios, cursos de filosofía de fin de semana, foros científicos, ciclos de conferencias, encuentros temáticos sobre obras concretas… En definitiva, no nos concentrábamos en ver quién habla mejor, sino en lo que teníamos que aprender antes de hablar. Hoy día parece que las cosas se hacen al revés y que primero se enseña a hablar antes que a pensar, al menos en las escuelas de debate. Intuyo que tal reflejo será también el de la política.


El acto de comunicar requiere tener ideas. Miguel Ortega de la Fuente, el fundador del primer club de debate en España, el de la Universidad Complutense, acostumbraba a decir que la primera norma para hablar en público era tener algo que decir. De un sentido común aplastante. Por eso resulta fundamental aprender a pensar antes que a hablar. Y para poder pensar y aprender es necesario escuchar y no hablar. Resulta curioso que en casi todas las sociedades iniciáticas, como por ejemplo la masonería, cuando un aprendiz entra en sus filas lo normal es que durante el primer año no hable en los encuentros y que sobre todo se limite a escuchar. Quizás algo tenemos que aprender.


Si de verdad queremos que nuestros clubes de debate sean escuelas de líderes y no sólo fábricas de oradores tenemos que repensarnos muchas acciones. Si de verdad queremos que los miembros de la sociedades de debate sean auténticos líderes que provocan cambios pensemos en qué piensan esos futuros líderes. Que conste que no quito ni un ápice de necesidad a los torneos de debate ni a las competiciones de debate, pues ¿cómo pretendemos crear emprendedores y que las personas se arriesguen si ni siquiera se atreven hacer una pregunta en clase? Es hora de dar la palabra pero también de estimular ideas. Es hora de enseñar a pensar antes de hablar.

 
Guillermo Sánchez Prieto


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martes, 11 de abril de 2017

CÓMO GANAR VENTAJA EN UN DEBATE CON UNA METÁFORA


Los tres modos de persuasión de Aristóteles, basados en una sabiduría académicamente convencional, son por ahora los tres mejores métodos para planificar argumentos, tanto a favor como en contra. Dirigir tus esfuerzos a ser el bueno de la película en un debate utilizando evidencias y argumentos que son aceptables por tu audiencia (Ethos), intentar utilizar historias o ejemplos que sensibilizan o incluso enardecen los ánimos de la audiencia (Pathos). Y construir argumentos utilizando lógica sencilla y poderosa para que la corrección de la posición que defiendes sea obvia (Logos).

http://www.blugrupo.com/libros/30/exito-universitario-en-119-consejos

La sabiduría convencional evolucionó a una era pre industrial, pre-moderna, y pre-nuclear. Pero la sabiduría popular dice que uno debería mirar a los problemas desde una nueva perspectiva “míralo desde la perspectiva de otra persona” “camina una milla en sus zapatos” “¿cómo crees que se sienten ellos?”

El pensamiento premoderno tendía a considerar los problemas de persuasión como sucesos aislados. La mente del oyente era una tabula rasa en la que escribir tus argumentos y pruebas. Pero la mayor parte de la gente del mundo real no aceptan los argumentos ajenos de manera acrítica. Su cabeza está llena de pensamientos prioritarios.

Creo que un enfoque moderno para la persuasión debería ser más relativista e integrado. ¿Quieres cambiar las creencias de una persona (actitudes, valores, comportamientos, etc.)? Comienza intentando identificar todas las creencias relevantes de esa persona. Pero, de manera realista ¿cómo puedes hacer eso? Es fácil, haz que te hablen acerca de sus opiniones en lo relativo a lo que se está discutiendo (O algunos ejemplos típicos del grupo al que pertenezcan). Cuando hagan esto casi seguro que utilizarán sus creencias de apoyo claramente para defender su posición.

Reconoce entonces que cualquier intento de cambiar una creencia es probable que fuerce una oposición activa desde un conjunto de creencias que se apoyan mutuamente. Y es extremadamente difícil en el contexto de un debate persuadir a un audiencia cuestionando sus creencias de una en una. Es algo análogo a intentar ganar una docena de mini debates simultáneamente más que ganar uno grande.

Así que ¿Cuál es la respuesta? ¿hay una respuesta? Sí.

Piensa en términos de grandes perspectivas más que en argumentos individuales. Toda gran creencia que está en la mente de una persona se construyen sobre una variedad de sub creencias. Y todo el mundo tiene multitud de grandes creencias según el tema y el contexto. Sea respecto a a las drogas, el desempleo, la inmigración, impuestos, calentamiento global, Oriente medio, etc., etc., etc.


Así que no te metas en un jardín y pierdas el precioso tiempo de un debate argumentando sobre distintas sub creencias. Argumenta, desde  una perspectiva comparativa. Aristóteles posicionó tres modos de persuasión, ethos, pathos, y logos. Me gustaría ofrecer otro modo de persuasión que puede que nunca se le ha ocurrido Aristóteles: cambio de perspectiva. Es una forma de persuasión muy Einsteniana y relativista. No es una línea de argumentos y evidencias construido de manera gradual. Es un súbito golpe de consciencia, una Gestalt, no Epifanía, un momento Eureka. Probablemente se alcanza mejor a caracterizar el sistema presente como una metáfora y entonces ofreciendo una metáfora superior que caracteriza tu meta persuasiva.

Supongamos que quieres que el sistema educativo enfatice los premios más que los castigos. Compara a la educación moderna como una especie de cámara de tortura de la edad media. Busca los paralelismos que pueden ser aceptables para tu auditorio. Ambos tienen reglas estrictas; ambos tienen supervisores severos, ambos enfatizan la disciplina por encima de la libertad; ambos pueden ser muy desagradables para muchos de sus “ invitados “ durante gran parte del tiempo que pasan ahí; ambos pueden destrozar el espíritu creativo con una rutina que atonta, ambos tienden a azotar para hacer lo que hay que hacer más que hacer atractivo que se comporten adecuadamente con los incentivos adecuados.

Descaracteriza tu sistema educativo alternativo según lo que tengas en mente. Digamos, por ejemplo, que quieres promocionar un sistema educativo que combine el valor educativo de un museo cercano a los chicos y la diversión de una sala de videojuegos. Puede que lo llames un enfoque de carnaval para la educación. Y pregunta en donde tendrían los estudiantes una educación mejor. ¿De una manera ligeramente temerosa y dolorosa como la de una cámara de tortura o en un sistema educativo ambientado en un carnaval?


Reduce el tiempo que pasas comentando sus creencias y enfatiza la validez de tu metáfora tanto del sistema actual como de tu propuesta de sistema educativo. Entonces, intenta dejar la decisión de quién gana el debate en la superioridad de tu sistema.

Sí, para el final del debate, puedes conseguir que tu audiencia acepte, al menos en parte, tu perspectiva nueva y diferente, eso puede llevar a una victoria fácil. Y cuando se utiliza de manera efectiva en el mundo real, esta técnica puede llevar al cambio más poderoso y completo de las creencias, actitudes y valores de tu auditorio.


 Doctor Alan Cirlin

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lunes, 27 de febrero de 2017

TORNEOS DE DEBATE ¿FÁBRICAS DE SOBERBIA?


“Perdona, pero así nunca vas a ganar la liga” le dijo con cierta altanería a una persona que ya había ganado la primera liga nacional de debate universitario. Estas palabras fueron dichas por una persona que hoy día ocupa un cargo de cierta relevancia académica y que en su etapa como estudiante obtuvo éxitos como debatiente. Esta misma persona le dijo a otra mientras discutían una cuestión técnica de debate: “No creo que seas la persona más adecuada para decirme algo así ¿tú qué has ganado?”. Sin más comentarios. 


Evidentemente, es un caso aislado pero cada vez presencio más situaciones en las que la soberbia está presente en el debate o mejor dicho, en las competiciones de debate. Recientemente un colega me comentaba con bastante pesar: “En ocasiones pienso que el debate es una fábrica de soberbios y no sé si estaremos llegando tarde” se lamentaba. La reflexión intensa de mi compañero me dejó preocupado pues es un temor que llevo arrastrando desde hace años. Y no es un temor poco fundamentado. 


Hace tiempo fui invitado como juez a la final de un torneo de debate interno de una universidad autonómica. La final era entre equipos de dos campus distintos pertenecientes a la misma Universidad. Al concluir la final un señor bajito se me acercó y sin conocerme de nada me dijo: “El jurado ha sido casero” refiriéndose a que el jurado había barrido para el equipo del campus que había alojado a la final casualmente. Pensé que se trataba de una broma y siguiendo el juego le dije: “Desde luego que sí”, puesto que al ser de Madrid no tenía más interés en que ganase un equipo u otro. Me di cuenta de que no era una broma cuando el hombre bajito me señaló con su dedo índice. Y con los ojos enrojecidos por la ira repitió elevando el volumen de voz: “Es una vergüenza, el jurado ha sido casero”. Este señor, que no caballero puesto que no supo perder, era un Vicerrector de aquella universidad. Aquel ejemplo me pareció lamentable de cara a sus propios alumnos y colegas, pero lo que me pareció más triste fue el ejemplo que daba de cara al propio ejercicio del debate. Por cierto, el señor Vicerrector no sabía por quién había votado. Este hecho me preocupa.


Creo que los premios al mejor orador no contribuyen a la modestia, todo lo contrario. No contribuyen tampoco al trabajo de equipo. Es más, un equipo que tenga mejor orador tiene mayores posibilidades de perder que un equipo que no tiene tan buenos oradores pero son todos más regulares. Por nuestra parte no somos entusiastas de otorgar premios al mejor de debatiente. Ojalá se entregasen premios al orador más simpático o al equipo con más deportividad. De hecho, invito a hacer este ejercicio: observe que el equipo que tiene al mejor orador rara vez suele ganar. He visto tristemente como algunos “mejores oradores” se vuelven cada vez peores personas. Este hecho me preocupa.


Aviso a debatientes: no confundamos el juego con la realidad. El debate es un juego pero luego en el mundo real no se juega con el debate, simplemente se debate y lo que cuenta no es ganar sino saber debatir y sobre todo saber perder.

Aviso a preparadores, profesores y cargos académicos varios: esto es un juego educativo, pero a fin y al cabo un juego. Si no se toma como tal tampoco será educativo. Recuerdo el caso que me comentaba un debatiente cuando su entrenador de debate le escribía los discursos y en una ocasión le llego a decir “de aquí no sales hasta que no te aprendas esto y si hace falta pedimos una pizza para que cenes“ (obviamente, todo esto con cara de pocos amigos). Si seguimos así perderemos el oremus. Ante todo mucha calma porque no nos jugamos absolutamente nada. 

Aviso a todos: una competición de debate es una herramienta, no un fin en si mismo. Es un medio, no una finalidad. De esta manera, si no somos capaces de distinguir el debate como herramienta podemos hacer lo que sea con tal de que un equipo gane. En una ocasión presencié como un directivo de un colegio mayor irrumpió en una sala de debate para decir a los jueces cómo tenían que evaluar el debate y decirles que el otro equipo había utilizado malas artes al traer extra de público que aplaudiese a los suyos con la intención de presionar a su equipo. Este hecho me preocupó seriamente y junto con la reflexión de mi colega pido calma, respeto y sentido de la dimensión. De todos depende que el debate sea fábrica de soberbios o fábrica de ciudadanía.

martes, 31 de enero de 2017

SOMOS MEJORES EN DEBATE

El primer debate competitivo que se llevó a cabo en España fue organizado por Miguel Ortega quien comandaba la primera Sociedad de Debates de España, la Sociedad de Debates Complutense. Fue el 24 de marzo de 1994. Ocho estudiantes universitarios tuvimos la fortuna de estar ahí. No sé si la fortuna o la mala suerte: el formato era poco dinámico, la preparación escasa y la resolución no estaba acotada como se hace hoy en día, era un simple a favor o en contra. Pero ahí estábamos ocho universitarios entusiasmados de poder opinar y compartir lo que habíamos aprendido e investigado. La verdad es que nuestra técnica era bastante mejorable.
 

23 años después asisto al II Torneo de Debate "Colegio Sagrado Corazón de Jesús" de Madrid. Un torneo de 16 equipos escolares de toda España. En dicho torneo Grupo BLU actuaba como patrocinador y como tal, me invitaron a participar como juez en algunos debates. Me quedé gratamente sorprendido del alto nivel de los equipos que tuve que juzgar. Los argumentos eran de un buen nivel filosófico y expresados con mucha seguridad aunque en ocasiones también con falta de naturalidad. Sin embargo, y a pesar de todas las críticas que se pudieran hacer, ojalá lo hubiésemos podido hacer así de bien entonces hace 23 años.


Todo el movimiento de debate que se está generando en España representa una puerta de entrada para un futuro mejor. Hoy día en España se anima a que las personas abran sus propios negocios y empresas, se conceden ciertas ayudas fiscales, se organizan espacios para emprendedores con todo tipo de subvenciones y facilidades. Pero ¿cómo pretendemos que la gente emprenda si ni siquiera les damos la palabra cuando están en el colegio? ¿Cómo van a montar una empresa si no se atreven ni hacer una pregunta a su profesor?  Necesitamos debatir como forma de tomar la palabra y crecer.


Las actividades de debate consiguieron que Estados Unidos fuese lo que es hoy en día. De hecho la literatura científica así lo corrobora. El artículo científico Competitive speech and debate: how play influence American educational practice de  Michael D. Bartanen y Robert S. Littlefield explica cómo  el debate, especialmente hasta los años 30, fue una fuente de socialización, creación de capital social, empowerment social, además de generación de un basto conocimiento académico. ¿Queremos lo mismo para el mundo hispanohablante? Pues apostemos en nuestras escuelas por el debate.

Guillermo A. Sánchez Prieto


www.blugrupo.com