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martes, 16 de mayo de 2017

LOS COBARDES NUNCA EMPEZARON, LOS DÉBILES MURIERON EN EL CAMINO, SÓLO LOS FUERTES LLEGARON


Dedicado a Pili

La fotografía pertenece a la película "About Schmidt" en España "A propósito de Schmidt". Cuenta la historia de un hombre que al término de su jubilación se cuestiona si su vida ha tenido sentido. La cinta está magistralmente interpretada por Jack Nicholson y al final de la misma, mientras el melancólico jubilado visita un museo sobre los pioneros en Nebraska, se encuentra con esta frase. "Los cobardes nunca empezaron, los débiles murieron en el camino, sólo los fuertes llegaron. Eran los pioneros".


A los emprendedores nos ocurre algo parecido, hemos tenido miedo de comenzar, hemos tenido la debilidad de abandonar (que tampoco sería una debilidad, sino en ocasiones inteligencia) y en algún caso es posible que muramos en el camino, lo cual tampoco sería un fracaso. Lo que sí es cierto es que si abandonas no ganas, como diría Napoleon Hill "los que abandonan nunca ganan y un ganador nunca abandona".

Estados Unidos es un país en el que la cultura emprendedora está muy bien vista. Quizás porque sea un país hecho por pioneros se valora muy positivamente el hecho de que una persona quiera emprender su propia empresa. En el sur de Europa, es todo lo contrario, " Tu búscate un empleo fijo y si es posible de funcionario ", "Pero ¿cómo vas abandonar un empleo fijo en un banco?" "¿No sería mejor trabajar para una empresa grande?" Este es el tipo de comentarios que suele hacer cualquier persona que no emprende pero que sobretodo le da miedo emprender y que por supuesto es lo que transmite al que decide emprender.

Personalmente, he recibido los más agradecidos y animosos comentarios por parte de hermanos, del tipo "eso no es un modo de vida", "has hecho mal dejando tu puesto de trabajo en una empresa". Por parte de amigos "jajajaja…el empresario que no se puede permitir salir a cenar una noche por ahí" o incluso de alguna pareja "es que los novios de mis amigas todos trabajan en empresas" o "envía tu curriculum a esta entrevista de trabajo, es perfecto para ti, seguro que te contratan", "es que yo quiero algo seguro". Obviamente todas estas personas, no comprendían ni se les pasa por la cabeza la idea de emprender. No sé si casual o causalmente todas estas personas tenían empleos fijos y lo más curioso eran hermanos o hermanas mayores (eso se merece otro post).




Sinceramente y con la mano en el corazón, no creo que lo hiciesen con ninguna mala intención, lo hacían y lo decían porque pensaban que lo mejor para mí era lo que era mejor para ellos.

Si de verdad tienes un ansia, si de verdad tienes un deseo, si de verdad tienes un sueño o una visión, la gente que de verdad te apoye estará a tu lado, en las duras y en las maduras. Pero eso sí, te apoyan si de verdad ven un esfuerzo, una honestidad y sobre todo un deseo sincero de hacer bien las cosas.

Que no te incomode que no te apoyen como a ti te gustaría. No guardes rencor si no te dicen lo que te gustaría oír. Pero si de verdad te apoyan agradécelo como puedas y tanto como puedas. Gracias Juan. Gracias Alex. Gracias Félix. Gracias Pablo. Gracias David. Y gracias, muchas gracias Pili.


 
Guillermo Sánchez Prieto


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lunes, 23 de enero de 2017

FORMACIÓN ¿BUENA O BARATA?

No deja de sorprenderme que muchas personas que compran formación se quejan de que algunos precios son caros. Se le atribuye a Henry Ford, aunque podría ser el propio Virgilio o a Lincoln: aquello de “ Lo peor no es el empleado que se le forma y se va, sino el empleado que se queda y no se le forma” lo digo por aquellas personas que no compran formación porque piensan que es cara. La formación no sólo es formación, también es síntoma de preocupación, cuidado y atención por el equipo. Educar, aunque suene pretencioso, supone pensar que las personas pueden mejorar y como decía Fernando Savater el “creer en la perfectibilidad del ser humano”. A las organizaciones que no invierten en la formación de sus personas les animaría a que lo hiciesen, que inviertan, no que gasten en formación, porque con las mejores personas se pueden conseguir los mejores resultados.
 

Otro asunto es la calidad de la formación. Un consultor me comentaba lo difícil que es tratar de que alguien acepte los precios de la formación. La pregunta que le hizo fue demoledora “Usted ¿qué quiere? ¿Algo bueno o algo barato?”. Más de uno entonaría un “Zasca” y con toda la razón. Es cierto que algunos de los que compran formación se delatan cuando lo primero que preguntan es ¿Cuánto me costaría…?  Puede ser porque tengan otra oferta y están comparando por otra parte. Es una práctica legítima. Sin embargo, les diría que antes de preguntar precio a un proveedor preguntasen cómo forman, qué resultados han tenido, que metodologías emplean, etc. Y luego hablaría de precios porque como se suele decir, lo barato sale caro.

Conozco empresas de formación que se quejan de la calidad de sus formadores, casualmente a los que pagan rematadamente mal y a los que no se han preocupado en ver en acción. En una ocasión una consultora de formación me contacto para impartir unas clases de negociación cuyo cliente final era un gigante de la automoción. Sesiones de hora y media, con media hora de transporte en mi propio vehículo y por supuesto ese gasto correría de mi cuenta. Ofrecían la friolera de 20 € por hora y querían otro profesor porque el que tenían no gustaba a los participantes del curso. Bien merecido. Como se suele decir en Estados Unidos if you pay peanuts, you get monkeys (si pagas con cacahuetes tendrás monos). Huelga decir que rechacé tan “generosa“ oferta. Lo malo viene cuando se paga poco y lo peor cuando se paga mal o de manera abusiva.

Que la formación alcance la excelencia, no simplemente que sea buena, resulta crítico. En el caso de la empresa que paga la formación se debe mirar, no sólo el coste del formador, sino el lucro cesante que origina el hecho de que 15 personas no estén en su puesto de trabajo, que el vendedor no esté vendiendo y que el contable no esté contabilizando. Por eso, muchos profesionales que se llaman de la formación, han de ser conscientes de que no se trata de rellenar ocho horas sin más. Como formador hay que buscar siempre lo mejor, pues también se aplica al profesional de la formación ese viejo principio de que lo barato sale caro. 


Guillermo A. Sánchez Prieto 

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